El té ha sido una de las mercancías más populares del mundo. A lo largo de los siglos, las ganancias de su cultivo y venta financiaron guerras e impulsaron la colonización, y su cultivo provocó cambios masivos—en el uso de la tierra, sistemas laborales, prácticas de mercado y jerarquías sociales—cuyos efectos persisten hasta hoy. A Thirst for Empire ofrece una mirada histórica vasta y profunda de cómo hombres y mujeres—a través de la industria del té en Europa, Asia, América del Norte y África—transformaron los gustos y hábitos globales y en el proceso crearon nuestra moderna sociedad de consumo.
Como muestra Erika Rappaport, entre los siglos diecisiete y veinte los límites de la industria del té y el Imperio Británico se superpusieron pero nunca fueron idénticos, y ella destaca las fuerzas económicas, políticas y culturales que permitieron al Imperio Británico dominar—pero nunca controlar completamente—la producción, comercio y consumo mundial de té. Rappaport profundiza en cómo los europeos adoptaron, se apropiaron y alteraron la cultura del té chino para construir una demanda generalizada de té en Gran Bretaña y otros mercados globales y una economía basada en plantaciones en Asia del Sur y África. El té fue entre las primeras industrias coloniales en las que comerciantes, plantadores, promotores y minoristas utilizaron recursos imperiales para financiar publicidad global y cabildeo político. El modelo comercial que inspiró el té todavía existe y es vital para comprender cómo la política y la publicidad influyen en la economía internacional.
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